sábado, 28 de agosto de 2010

EL VALOR DE UN BILLETE DE 100 DOLARES

Un orador especialista en motivar a las personas, se encontró un día frente a un grupo de jóvenes especialmente decaídos.. Entre ellos había ex drogadictos, delincuentes, huérfanos… ninguno parecía tener ganas de vivir


Les contó historias divertidas, de grandes personajes, de héroes, de mártires… pero sus oyentes seguían con la cabeza apoyada en las manos, mirando hacia el suelo, o movían la cabeza como diciendo que no.

Viendo que no podía levantar el ánimo de esos jóvenes, el conferencista dijo:

Bien, antes de retirarme quiero hacer un obsequio a un miembro de esta gentil concurrencia.
De su billetera sacó un billete nuevecito, crujiente. Lo hizo sonar con los dedos y preguntó:

¿Alguien quiere este billete de Cien dólares?

Los decaídos jóvenes se miraron; es una broma, dijeron algunos.

Otros pensaron “tal vez es cierto” y levantaron la mano.


De a poco las manos empezaron a levantarse y finalmente todos tenían la mano levantada.


Bueno, como hay tantos interesados, vemos a hacer algo…


El orador agarró el billete nuevecito y lo arrugó completamente.


A ver, ¿quien quiere el billete ahora?


Todos los jóvenes se miraron, pero ninguno bajó la mano.

A ver ¿y ahora?

El hombre tiró el billete al suelo, lo machaco y lo restregó con el zapato. Cuando lo juntó, el billete estaba totalmente sucio y arrugado.



Bueno ¿a alguien le interesa todavía este billete?


Los muchachos seguían con sus manos en alto, gritando:



A mí! Démelo a mí! No! A mí!



Amigos, ahora me retiro. Pero antes, espero que hayan aprendido la lección:



Ustedes quisieron este billete cuando estaba nuevo, lo siguieron queriendo arrugado, incluso sucio y casi destrozado lo pedían a gritos. ¿por qué?



Porque saben que, sin importar si se ve hermoso y salido de la imprenta, o arrugado, sucio y pateado, siempre vale los mismos cien dólares.




Hay veces en la vida en que a uno lo han maltratado, abusado, humillado, lo han tirado al suelo y lo han majado. En esos momentos uno siente que ya no vale nada, que para los demás, e incluso para uno mismo, no somos nadie ni nada.



Bueno, como ustedes vieron hoy; no importa que les hayan hecho, por lo que hayan pasado, ni quien se les haya parado encima: ustedes todavía valen lo mismo que cualquier otra persona, y siempre habrá alguien que sepa apreciarlo.







Ahora sí me voy, y aquí les dejo este regalo!



Y lanzó con todas sus fuerzas el billete arrugado al medio de su audiencia.




Todos los muchachos se lanzaron a agarrar el billete, hicieron un tremendo alboroto y al final, cuando se reían felicitando al que lo pudo agarrar, se dieron cuenta que el conferencista se había ido, dejándoles una enseñanza que nunca olvidarían….

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