martes, 12 de abril de 2011

salamandra 2 parte

Gordon B. Hinckley, Mark Hoffman y la Carta Salamandra.
Como resultado de la confesión del asesino convicto y falsificador Mark William Hofmann, numerosos documentos históricos han sido declarados falsos. Los anuncios y los textos de algunos de estos documentos fueron publicados en periódicos de la Iglesia, y los documentos se han utilizado de buena fe desde 1980 en los manuales y han sido marco de debates entre los líderes, maestros y miembros de la Iglesia. Los siguientes documentos y sus contenidos fraudulentos no deben ser utilizados, a pesar de que puede haber aparecido en anteriores publicaciones de la Iglesia [tras su aparición]:
  • 1. La transcripción de Charles Anthon, supuestamente copiando caracteres egipcios reformados por José Smith del Libro de Mormón, de las planchas de Oro en 1828. (Aparecido en Ensign, Jun. 1980, Dec. 1983.)
  • 2. La bendición de José Smith III, falsamente representada como la bendición patrialcal dado por el profeta José Smith el 17 de enero de 1844 a su hijo, José Smith III, en el sentido de que este hijo seria designado como su sucesor. (Aparecido en Ensign, Mayo 1981.)
  • 3. La carta de Lucy Mack Smith, el 23 de enero de 1829, falsamente escrita por la madre de José Smith. Presenta detalles que supuestamente provenían de las 116 páginas del manuscrito perdido del Libro de Mormón, incluyendo la idea de que Ismael, cuyas hijas se casaron con los hijos de Lehi y Sariah, era el hermano de Saríah. (Aparecido en Ensign, Oct. 1982, Dec. 1983)
  • 4. La carta de Martin Harris, del 13 de enero 1873 a Walter Conrad, supuestamente de puño y letra del hijo de Martin, Martin Harris, Jr., y firmado por Martin Harris, quien habría tenido ochenta y nueve años de edad en ese entonces. Este texto fraudulento reafirma el testimonio de Martin Harris como uno de los Tres Testigos del Libro de Mormón. (Ver Ensign, Nov. 1982, Dec. 1983.)
  • 5. La carta de David Whitmer del 2 de abril 1873 a Walter Conrad, aparentemente escrito por otro de los Tres Testigos del Libro de Mormón, y que de manera fraudulenta reafirma el testimonio de David Whitmer. (Ver Ensign, Dec. 1983.)
  • 6. Dos páginas del manuscrito original del Libro de Mormón, que abarca Helamán 14:20 al 15:12, así como las partes de Mosíah 2:6-7 y 2:17-18, supuestamente escritas por Oliver Cowdery directamente de como José Smith lo dictó de la traducción. (Ver Ensign, Oct. 1983, Dec. 1983.)
  • 7. El contrato de EB Grandin, del 17 de agosto de 1829, falsamente pretendió ser un acuerdo financiero entre la imprenta de Egbert B. Grandin y José Smith para la primera edición del Libro de Mormón. (Ver Ensign, Dec. 1983.)
  • 8. Para “José Smith, Jr.,”, una copia de la firma del profeta en una primera edición del Libro de Mormón. Si bien la firma es una falsificación Mark Hoffman, una carta de José Smith mencionada en el mismo artículo es de otra fuente y se considera auténtica. (Ver Ensign, Setiembre. 1985.)
  • 9. La carta de Martin Harris (popularmente conocida como la Carta de la Salamandra blanca), supuestamente escrita en 1830 por Martin Harris con William W. Phelps. Esta carta contiene una relación ficticia de los problemas encontrados por José Smith al obtener las planchas de oro.
  • 10. La carta Josías Stowell, supuestamente escrita por José Smith en 1825. Contiene información que indica José Smith estaba involucrado en la magia popular. Antes de ser etiquetados de una falsificación, esta carta se creía que era el escrito más antiguo que se conservaba del Profeta.
Mark Hoffman también afirmó estar en el proceso de comprar una colección de escritos de William E. McLellin, uno de los miembros originales del Consejo de los Doce, quien más tarde apostató y perdió su membresía en la Iglesia, pero que nunca se retractó de su testimonio del Libro de Mormón. (Ver Ensign, Feb. 1986.) Aunque los documentos escritos por William E. McLellin pudiesen existir, Hofmann ha confesado que su propia “colección” no era verdadera.
Hofmann fue también la fuente de un rumor ampliamente difundido en relación con una historia temprana de Oliver Cowdery, documento supuestamente en propiedad de la Iglesia. Este documento no existente, falsamente acredita al hermano de José Smith, Alvin, en el papel para obtener las planchas de oro. (Ver Ensign, Dec. 1986; Agosto de 1987)
En agosto de 2010, casi treinta años después de que Hofmann cometiese sus falsificaciones, se descubrió otro documento que resulto ser una de sus obras. Una declaración jurada hecha en 1924 por William Edwards con respecto a su participación en la Masacre de Mountain Meadows cuando tenia quince años de edad. Dos expertos que fueron consultados por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días declararon que el documento es una falsificación. Como se puede ver, los documentos comprados por la Iglesia fueron publicados en la Ensign aún cuando no fueron favorables para la Iglesia y fueron motivo de burla y ataques a la iglesia hasta que se descubrió que eran un fraude.
Gordon B. Hinckley y la Carta de Salamandra
Gordon B. Hinckley, antes de ser el Profeta de la Iglesia, fue de hecho engañado por Mark Hofmann, un distribuidor de documentos que vendió a la Iglesia varios documentos históricos falsificados. La Iglesia compró los documentos cuando le fue asegurado por expertos de que eran auténticos
Gordon B. Hinckley, en ese momento era un apóstol sirviendo en la Primera Presidencia, mientras que el Profeta Spencer W. Kimball, estaba enfermo. El élder Hinckley fue uno de los muchos, incluidos expertos e historiadores en documentos del FBI, que fueron engañados por Hofmann. Algunos de esos documentos ponían en tela de juicio algunas opiniones SUD sobre José Smith y de su rol acercandose mas a las opiniones de los críticos de la Iglesia.
En 1980, el Presidente Hinckley conoció a Mark Hofmann, entonces un estudiante universitario que dijo haber encontrado en una vieja Biblia un papel que parecía ser el manuscrito original en papel con los caracteres copiados por José Smith de las planchas de oro y dados a Martin Harris para su examen por Charles Anthon. Aunque ahora se sabe que era fraudulento, al igual que muchos otros documentos de Hofmann, eran una falsificación convincente.
Poco después, Hofmann afirmó haber encontrado un registro de la bendición de José Smith a su hijo, José Smith III, en la que bendijo al niño a los 11 años de edad para ser el “sucesor en la Presidencia del Sumo Sacerdocio”, lo que algunos interpretaron en el sentido de que el hijo sería el siguiente profeta. Esta carta parece haber reforzado los argumentos de la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (una pequeña iglesia que afirma que los descendientes de José Smith debe ser herederos legítimos al Oficio de Presidente y que rechaza la obra del templo y gran parte de lo que hacen diferente a los Santos de los Últimos Días de los protestantes). La bendición de José Smith III, parecía poner en entredicho las doctrinas SUD de la sucesión de la Presidencia, pero el presidente Hinckley (entonces el élder Hinckley) mantuvo firmemente que estos principios eran revelados y correctos. Como gesto de buena voluntad, aquel documento problemático, en lugar de ser inaccesible o destruido, se le dio públicamente a la Iglesia Reorganizada.
Otros documentos de Hofmann también resultaron ser problemáticos o desfavorables a la Iglesia, pero ninguna más que la famosa Carta de la Salamandra. Elder Hinckley vio este documento el 3 de enero de 1984. Parecía ser una carta de Martin Harris a WW Phelps, que describía cómo José recibió las planchas de oro. Al parecer, contradiciendo el relato oficial SUD de la aparición del ángel Moroni, la carta de Harris señalaba que un espíritu se transfiguro a sí mismo en una salamandra blanca, y sugirió que la magia folckórica y la busqueda de tesoros estaban involucrados en la adquisición de José de las planchas de oro, apoyado fuertemente las denuncias anti-mormonas populares sobre José Smith.
Curiosamente, la carta podría ser interpretada en términos de la cultura estadounidense de la frontera [por su ficción] y por las formas figurativas de su expresión, pero los enemigos de la Iglesia, alegaban que refutaba todo el Libro de Mormón. Esto y la mayor parte de la problemática de otros documentos de Hofmann se hicieron públicos, aunque no necesariamente con gran entusiasmo. El Presidente Hinckley afirma que “No tenemos nada que ocultar” (Sheri L. Dew, La Biografía de Gordon B. Hinckley). El documento era una falsificación, pero parecía ser auténtico. La explicación del Presidente Hinckley que acompañó a la impresión de la carta completa en el Church News (Abril de 1985, el mismo mes que la Iglesia adquirió oficialmente la carta por medio de una donacion) dice: “Nadie, por supuesto, puede estar seguro de que [realmente] Martin Harris escribió el documento. Sin embargo , en este momento aceptamos el juicio del examinador, de que no hay ninguna indicación de que se trate de una falsificación. Esto no excluye la posibilidad de que pudo haber sido hecha en un momento en que la Iglesia tenía muchos enemigos. Es, sin embargo, un interesante documento de esos tiempos “.
El Presidente Hinckley afirmó que la carta no socava la Iglesia o la historia de la Iglesia. Se mantuvo confiado y firme en su postura, a pesar del pesado asalto de los medios de comunicación y de los críticos de la Iglesia. Él dijo que la Iglesia “sobrellevará cada tormenta que golpeé en su contra. Durará más que todos los críticos que se levanten para burlarse de él. Lleva el nombre de Aquel que es, sí, el Señor Jesucristo” (Church News, 30 de junio de 1985). Esas fueron palabras proféticas.
El 15 de octubre de 1985, dos personas mormonas en Salt Lake fueron asesinados por bombas separadas. Al día siguiente, una bomba explotó en el coche de Mark Hofmann, cerca de la sede de la Iglesia mientras él estaba en el vehículo. Hofmann no murio. Hofmann había sido herido por una de sus propias bombas, una bomba destinada a otra persona como parte del plan desesperado de Hofmann para salvar su cuello, para cubrir sus huellas, y seguir perpetrando fraudes. La explosión accidental de la bomba de Hofmann en su coche, resultó ser la clave para revelar la verdad detrás del fraude Hofmann. En febrero de 1986 fue acusado de 28 cargos criminales, incluyendo dos cargos de asesinato. Un amplio trabajo de investigación fue necesaria para establecer el caso contra Hofmann y para demostrar que él había falsificado los documentos. Una de las claves fue un científico forense, al descubrir por una técnica de visualización ultravioleta que ayudó a detectar los indicios de falsificación en el trabajo de Hofmann, que era generalmente demasiado sofisticado para los métodos conocidos previamente aplicados. Once meses después de ser acusado, el caso contra Hofmann se habia transformado en muy fuerte y Hofmann se declaró culpable de asesinato en segundo grado. También se jactó de engañar a líderes de la Iglesia con sus documentos falsos, incluyendo la Carta de Salamandra, la bendición de José Smith III, y la transcripción de Anthon . A Hofmann le hubiera gustado derribar a la Iglesia (mientras hacía un montón de dinero a costa de esta), pero sus planes no llegaron a nada.
El incidente de la Carta de Salamandra fue un episodio trágico y difícil en la historia de la Iglesia y que nos advierte de las longitudes de los enemigos de Cristo y de Su Iglesia en su deseo de destruirla. Tengamos cuidado al tratar de imponer normas no bíblicas a los profetas (como la [supuesta] inhabilidad). La verdad sobre los documentos de Hofmann fue revelada, pero no en la forma demandada por los críticos. No hay ninguna razón para rechazar a Gordon B. Hinckley como profeta del Señor porque permitió a la Iglesia comprar documentos que habían sido falsificados. Josué [Josué 9:3-27] y otros profetas han sido engañados por fraudes menos sofisticados. Si rechazamos a GBH por esta norma, profetas de la Biblia también deberian ser desestimados.
Nota: Un Libro anti-mormón ampliamente difundido, Los Crímenes Mormones [The Mormon Murders], de Steven Naifeh y Gregory White Smith (1988), emplea varias estrategias recordándonos el viejo estilo de lucha contra el antisemitismo. Los autores utilizan las falsificaciones y los asesinatos de Hofmann como punto de partida y continuan los temas estandares y los métodos anti-mormones que se encuentran en obras anteriores similares a esta. Todos los articulos anti-mormones en español asi como en ingles referentes a este tema citan este libro que expone al Mormonismo en términos de riqueza, poder, engaño y miedo del pasado. Para quienes quieren una información detallada de todo este caso y los inventos de este libro pueden leer una critica de este libro en ingles.

Salamandra 1 parte

El 15 de octubre de 1985, a las siete de la mañana, Steve Christensen, coleccionista de documentos antiguos, volaba por los aires al abrir un paquete con una bomba casera que acababa de llegar a su oficina, en Salt Lake City. Un par de horas después, Kathy Sheets, esposa del socio de Christensen, recibió un paquete bomba similar en su casa. También murió a causa de la explosión.
La empresa de Christensen y Sheets estaba en bancarrota y la policía manejó la hipótesis de que los asesinatos fueran obra de algún deudor vengativo. Pero al día siguiente, también en Salt Lake City, una tercera bomba estuvo a punto de acabar con la vida de Mark William Hofmann cuando arrancaba su coche. Hofmann, que acabó malherido, no era socio de Christensen y Sheets pero sí habían tenido una relación previa. Hofmann era un importante especialista en libros y documentos antiguos impresos en Norteamérica, y había vendido varios papeles de extraordinario valor a la Iglesia Mormona. La empresa financiera que dirigían Christensen y Sheets, CFS, había aconsejado a los lideres mormones la compra de los documentos descubiertos por Hofmann.
Sin embargo, Hofmann era conocido por asuntos mucho más importantes. Era el descubridor del documento, impreso por los colonos norteamericanos, más antiguo conocido: The Oath of a Freeman, un juramento de los primeros ciudadanos de Massachussets. Hasta entonces, el documento más antiguo que se conservaba impreso en las colonias norteamericanas era el Bay Psalm Book, que data de 1640. Se tenía constancia de que The Oath of a Freeman había existido y que se habían hecho cincuenta copias del documento en 1639; incluso se conocía su contenido, pero se creía que todas las copias se habían perdido. El laboratorio de la Universidad de California realizó las pruebas de datación por radiocarbono a la tinta del juramento y estableció una antigüedad aproximada similar a la del Bay Psalm Book. El papel también era el correcto por lo que todo parecía indicar que el documento era auténtico y había salido de la misma imprenta que el Bay Psalm Book, pero un año antes, en 1639. La Biblioteca del Congreso compró el documento a Hofmann por un millón de dolares.
Hofmann también era famoso por haber sacado a la luz, un par de años antes, la Carta Salamandra, un importante documento que atacaba directamente al fundador de la Iglesia Mormona acusándolo de ser practicante de magias oscuras. La Carta Salamandra tenía especial valor ya que databa de la época en que fue fundada la Iglesia y supuestamente estaba escrita por un mormón arrepentido.
¿Qué había detrás de todo esto? Dos ejecutivos, coleccionistas de libros antiguos, reciben un paquete bomba cada uno, aunque es la mujer de uno de ellos la victima de la segunda bomba. Al día siguiente otra bomba está a punto de acabar con un importante especialista en textos antiguos norteamericanos que recientemente había hecho un descubrimiento enormemente importante -The Oath of a Freeman- y que, además, estaba enemistado con la Iglesia Mormona. Iglesia con a la que él mismo había vendido anteriormente documentos por valor de decenas de miles de dolares en operaciones llevadas a cabo por los dos ejecutivos que habían recibido las bombas.
Extraños documentos centenarios, asesinatos, mormones, libros perdidos… La historia tiene los ingredientes adecuados para acabar hablando de conspiraciones, tramas ocultas y misteriosas, o conocimientos secretos que deben permanecer alejados de los ojos de los mortales. La cosas, en realidad, fueron muchísimo más mundanas.
Primeros pasos en el difícil arte del engaño
Hofmann nació en Salt Lake City en 1954. Su familia, mormona por supuesto, era extremadamente religiosa y Hofmann fue enviado de misionero a Bristol cuando tenía diecinueve años. En Inglaterra se aficionó a los libros antiguos, sobretodo aquellos que trataban sobre la religión mormona. Los compraba en los numerosos mercadillos de objetos antiguos que existían en Bristol, así como en librerías de viejo. Pronto acumuló una importante colección.
Poco después de regresar a Estados Unidos, Hofmann mostró a un amigo un valioso ejemplar de la Biblia del Rey Jaime. En su interior había un sobre que que parecía muy antiguo y que Hofmann decía haber encontrado allí. Lo abrió frente a su amigo y descubrió en su interior una carta de Martin Harris fechada en 1828. La carta tenía enorme importancia para los practicantes de la fe mormona ya que Harris fue el primer discípulo de Joseph Smith, el fundador de la Iglesia Mormona. Además, si la fecha era correcta, la carta fue escrita dos años antes de la publicación del Libro del Mormón, de Smith, en 1830. Los mormones examinaron el documento y declararon que era auténtico; se lo compraron a Hofmann por 20.000 dólares y un ejemplar de la primera edición del Libro del Mormón. Está fue la primera de las numerosas falsificaciones que Hofmann vendió a la Iglesia Mormona. Eran imperfectas comparadas con sus trabajos posteriores pero los mormones pagaban miles de dólares por ellas y Hofmann pudo abrir un negocio de libros antiguos. Con el tiempo perfeccionó sus falsificaciones con lo que pudo vender documentos a mayor diversidad de compradores, no solo a la Iglesia Mormona.
En 1985 Hofmann aseguró a un conocido que había descubierto el documento más importante de la historia de los Estados Unidos.

La falsificación perfecta
Una vez decidido el documento a falsificar, Oath of a Freeman (Juramento de un hombre libre1), lo que más preocupaba a Hofmann era cubrirse las espaldas sobre su procedencia. Para ello usó un trozo de papel envejecido en el que imprimió un viejo poema. Encabezó el texto con el título The Oath of a Freeman y le puso una etiqueta de precio por 25 dólares, luego lo dejó en el cajón de las gangas de los almacenes Argosy Company. Dos días después volvió, cogió el papel así como otros cuatro documentos baratos del cajón y pidió a la cajera que le hiciera una factura detallada por la compra de los cinco artículos. En cuanto salió de la tienda se aseguró de destruir el papel con el poema sin valor. Ya tenía lo que quería: una factura probando que había encontrado The Oath of a Freeman en aquellos almacenes, entre papeles viejos, y había pagado por él.
Ahora venía la parte difícil. Falsificar el juramento. Primero se hizo con un facsímil del Bay Psalm Book, impreso en la misma imprenta en la que se habían hecho las cincuenta copias del juramento y lo fotocopió. Recortó todas las letras y las pegó en otro folio conformando el texto de The Oath of a Freeman y rodeándolas de una cenefa de flores. Volvió a fotocopiarlo todo y acudió a un grabador para que le fabricara una plancha de zinc con todas las letras y motivos para imprimir. Luego limó y desgastó los bordes de las letras metálicas de la plancha para simular el uso prolongado que probablemente presentaban los tipos originales.
Para hacer la tinta recurrió a una mezcla de linaza similar a las usadas en las primeras imprentas. Después redujo a minúsculos fragmentos parte del cuero que encuadernaba un libro del siglo XVII y mezcló los trocitos con la tinta. Este simple truco sirvió para que las pruebas realizadas por los laboratorios de la Universidad de California establecieran que la tinta tenía la antigüedad correcta. También le añadió goma arábiga para que se agrietara como en los textos antiguos. Por último, una pizca de sosa caustica le dio el tono marronaceo adecuado.
Ya tenía la tinta y la plancha de zinc que simularía una imprenta del siglo XVII. Solo faltaba el papel. Hofmann dejó que la hoja se enmoheciera antes de imprimirlo. Después, ya con el texto, la introdujo en una cámara de ozono para oxidarla y atenuar la tinta.
Hofmann engañó a todos los expertos que se lanzaron a examinar el documento y consiguió venderlo a la Biblioteca del Congreso por un millón de dólares.

Cortina de humo
A pesar de que la falsificación del Hofmann había superado todos los análisis y pruebas que habían realizado los expertos, las sospechas sobre el mormón estafador llegaron del lugar más inesperado. Theodore Cannon, abogado del condado, tenía diecisiete años de experiencia como técnico de prensas de copiado. En cuanto vio el “Juramento…” se dio cuenta de que había algo que olía mal en aquel documento y levantó la voz de alarma.
Hofmann, ahogado por las deudas, veía como los compradores de sus últimas ventas, incluyendo Oath of a Freeman, se negaban a pagarle hasta que el asunto se esclareciera. En ese momento, Hofmann, que hasta entonces se había comportado de forma sumamente inteligente, tomó su decisión más estúpida: crear una cortina de humo con unas serie de atentados al mismo tiempo que quitaba de en medio a posibles testigos en su contra.
Él mismo fabricó las bombas con las que pensaba llevar a cabo su plan. Eliminó a Christensen y, por error, asesino también a la mujer de Sheets con una bomba destinada a su marido. La tercera bomba sigue planteando problemas hoy en día ya que Hofmann, que actualmente cumple cadena perpetua, siempre se ha negado a decir nada sobre ese tema pese a que confesó voluntariamente los otros asesinatos y las falsificaciones. Pudiera ser que estuviera destinada a Brent Ashworth, otro coleccionista de textos antiguos que había hecho negocios con Hofmann. Otra hipótesis es que la tercera explosión fuera un intento de suicidio. Pero la teoría más probable, tanto para la policía como para los medios, es que Hofmann intentara usar esa bomba para simular un intento de asesinato en el que él era la víctima. La coartada podría haberle costado la vida y, de hecho, le causó gravísimas heridas. Puede que la vergüenza que conllevaría confesar una idea tan estúpida haya mantenido cerrada la boca de Hofmann durante años.
Días después de los asesinatos, cuando la policía ya tenía claro quien era el culpable, Theodore Cannon, el abogado impresor, descubrió finalmente el error de Hofmann. Tal como había sospechado, la clave estaba en las distancias entre las líneas. En una imprenta, los tipos móviles se enganchan en unos soportes para formar la plancha final. Estos soportes hacen que la distancia entre cada línea tenga que ser igual o mayor a la altura del mayor carácter usado. Así mismo, los motivos decorativos como el usado por Hofmann tambíen debían estar a una distancia mínima del texto debido a los soportes adicionales que había que añadir a la plancha. Midiendo las distancias que había usado Hofmann, Cannon dedujo fácilmente que aquel texto no había salido de ninguna imprenta. Al poco tiempo, Hofmann confesó los asesinatos así como las falsificaciones vendidas a los mormones y el fraude de Oath of a Freeman. Fue condenado a pena de muerte pero finalmente fue conmutada por cadena perpetua. Hasta hoy, Hofmann ha intentado suicidarse tres veces en la carcel.

 
EPÍLOGO
Hofmann no admitió haber realizado más falsificaciones que las antes citadas a pesar de que sí que llevó a cabo bastantes más. En 1997 la casa de subastas Sotheby´s vendió a la Biblioteca Jones un poema original manuscrito de Emily Dickinson. Tiempo después se descubrió que era una falsificación de Hofmann. Nadie sabe cuantos “antiguos documentos” creados por Hofmann siguen en circulación.

Orientacion Familiar

miércoles, 6 de abril de 2011

AYUNAR PUEDE SER BUENO PARA LA SALUD

   Investigadores del Instituto del Corazón del Centro Médico Intermountain, en Utah (Estados Unidos), aseguran que ayunar periódicamente puede tener efectos beneficiosos para la salud, tras haber observado que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes, al tiempo que ayuda a mejorar los niveles de colesterol.
   Los resultados de esta investigación, presentados en el último congreso del American College of Cardiology que se celebra estos días en Nueva Orleans (Estados Unidos), confirman los hallazgos de un estudio previo realizado en 2007 con un grupo de mormones, cuya religión incluye ayunar durante 24 horas el primer domingo de cada mes.
   En esta ocasión, se observó que estas personas tenían un 39 por ciento menos riesgo de sufrir enfermedades coronarias, una de las principales causas de muerte tanto de hombres como mujeres, en comparación con aquellas personas que no ayunaban.
   Ahora, el mismo equipo de investigadores ha confirmado esos resultados y, además, también ha observado que ayunar reduce varios factores de riesgo cardiovascular, como el nivel de triglicéridos en la sangre, el peso corporal y los niveles de glucosa en la sangre.